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¿Historia para tontos o tontos sin historia?

historia ¿para qué?

De manera muy idealista y no pensando en el futuro decidí estudiar historia. Simplemente porque se me da el tema humano, en su tiempo me gustaba y era algo que podía compaginar con la idea de ser docente. Así he pasado ya unos años estudiando la carrera de Historia, pese a COVID pese a incertidumbres sobre el futuro pese a crisis y una constante duda de el por qué estudio lo que estudio. Por eso es que al borde del fin de la carrera vislumbrado la luz al final del túnel académico me pregunto nuevamente igual que a mis 17 años ¿historia…para qué?

Me econtre este Tuit y me hizo reflexionar bastante sobre como enseñar historia

¿qué es historia?

Por mucho tiempo llevábamos la materia de historia en la escuela; por lo menos en el sistema público en México se lleva desde cuarto año de primaria hasta terminar el bachillerato, esos son ocho años estudiando la materia, ya sea historia patria o historia mundial (que solo habla de Europa, pero ese es otro tema) pasamos un montón de años de formación educativa aprendiendo fechas, recordando personajes y lugares que olvidaremos al momento de poder pasar el examen final.

Pero realmente cada cuanto te enseñan lo que es la historia, porque es más créeme, la diciplina abarca más que contarte un chisme de hace 200 años y darte la fecha de la batalla de Puebla. Decía el historiador francés Lucien Febvre que; “La historia es la ciencia del hombre, la ciencia del pasado humano. Y no la ciencia de las cosas o de los conceptos.” (Febvre,1953). La historia va más allá de explorar la miscelánea de curiosidades que tiene el pasado.

Por eso he pasado varios años ya estudiando y reflexionando sobre lo que es la historia, lo que implica y sobre su validez en el mundo actual. No he dejado la carrera por lo que considero que sigo encontrando algo que sacarle a la historia (pese a que a veces diga lo contrario). Dude mucho sobre el que hacer en esta nota, comenzó como una crítica a la divulgación histórica, inspirada por el resentimiento que me tengo por no continuar con el podcast de historia, pero después de investigar, aprender y escuchar a muchos divulgadores me di cuenta que no tengo la autoridad para decir nada de nada porque no he hecho tanto como ellos.

Debido a eso este texto va más enfocado a una breve reflexión sobre lo que es estudiar y vivir la historia porque, si, hay muchas confusiones de lo que hace un historiador de lo que es la historia y creo necesario poder compartir un poco del pesar que me ha representado adentrarme en la disciplina, en su vida académica y no tan académica. Porque estudiar historia, y en general cualquier humanidad, representa una constante de dudas incertidumbres y crisis vocacionales, quizá igual con otras carreras, pero yo me enfoco a mi vulgo.

no es queja es sugerencia

Estudiando historia me he dado cuenta de muchos aspectos de la vida, de lo que es estudiar una humanidad en un país como México, en donde la historia esta tan presente en todos lados, pero tan olvidada en la cotidianidad, porque la historia en el país es algo de lo que presumimos, pero no sabemos exactamente por qué. Nos rememoramos a basamentos y zonas arqueológicas y cada que paso  por la zona arqueológica a lado de mi casa me preguntaran por lo que se de ella cuando no es mi línea… entiende mamá, yo no estudio Mesoamérica eso es para la gente de fetiches extraños.

Por varios años ya, me han visto con curiosidad o desconocimiento por el camino vocacional que decidí, generalmente se piensa que solo cuento datos y me río del pasado (como cierto mapa con ojos) o que a lo único que puedo aspirar es a dar clases, vaya si bien la mayoría de historiadores que conozco recaen en la docencia hay más salidas, más variantes y más formas de acercar la historia a las masas fuera de las puertas de la escuela y sobre todo de la academia.

Y es que cuando te adentras en la profundidad no tardas en enamorarte o al menos todos los que logran pasar de tercer semestre encuentran algo clave que les gusta de la historia, ya sea porque conociste la historia cultural, historia del arte, social y demás variantes de la historia que hay y habrá. La mayoría de los que aun dedicamos tiempo a la historia ya no solo como algo para obtener un título vemos en ella un valor, vemos que la historia puede aun penetrar en la idea social y lograr cambios.

Eso percibo diario que aprendo algo nuevo, una nueva ventana a replantearme el mundo en el que vivo, así cuando camino por la calle cuestiono el por qué hay una estatua de Colon y una de Cuauhtémoc y es que cuando aprendes estas cosas te gustaría compartirlas, llenar de estos saberes a todas tus amistades, salir corriendo y gritar que Benito Juárez media 1.40 metros o que a Maximiliano de Habsburgo le rompieron las piernas para que cupiera en su ataúd. Pero al compartir estos «datillos» siempre encuentro la misma reacción ; el genuino asombro seguido de una incapacidad de mi receptor de qué hacer con lo que dije.

Cada día que voy a la escuela, que escojo un tema sobre el cual trabajar me veo en la misma pregunta de ¿para qué hago esto? Porque por más que quiera tener cara de divulgador, por más hilos de Instagram que haga siempre me pregunto si es lo correcto difundir la historia de forma simple. A veces quisiera cual fanático religioso difundir la palabra de la historia por las calles gritar como loquito del centro “aprende historia, lee a Marc Bloch eres un ignorante de la vida, el pípila no existió”.

Por eso me debatí sobre el que hacer con este texto, porque si bien esta complementado con un hilo de Instagram que es el medio por el cual obtengo más atención, no encuentro el medio para poder responderme ¿Cómo compartir la historia? Porque es claro que no tengo mucha afinidad por ciertos divulgadores o más bien por sus métodos de difundir y divulgar el pasado, pero no es su culpa que ya no seamos capaces de poner atención mas de quince segundos.

No quiero juzgar al mapita con ojos (ni historiador es) ni a otros porque por lo menos ponen en el foco la discusión, quizá no con ética o con el enfoque que tiene que tener la historia, pero ¡hey! ellos tienen los números (si lo juzgue, perdón). Pero escuchando por lo menos sus argumentos y posiciones (escúchese la discusión que tuvo en Interruptus Radio te la dejo aquí abajo) logro comprender que ayuda a la historia a por lo menos dejar la semilla para investigar entonces… quizá el problema no es aquellos de los que vocifero en mi espacio seguro… ¿somos nosotros el problema?  

la decepción y la verdadera crítica

Leí a un académico más serio (pero que tampoco es historiador ¿Dónde están por dios?) y su bonito y crítico texto sobre el porqué leer historia, el texto de Andrés Kozel titulado Leer historia, ¿para qué? Me ayudo a encontrar un punto de apoyo para problematizar sobre el ¿Qué chingados hacemos los historiadores?, y es que bajo desesperación busque un farito de esperanza en este texto, sobre todo porque cuando veo un vídeo ya sea del mapita o de Academia Play me deprimo y pienso si esto es todo el potencial de esta materia. Porque existe una línea ya ni tan delgada, pero si que diferencia el entretenimiento con la divulgación, porque no estoy peleado con hacer las cosas más accesibles, el lenguaje coloquial el salir del cascaron académico. Pero si en contra de no saber simplificar o más bien en que no exista otra forma de contar historia sin ser simples.

He visto infinidad de vídeos de “la batalla de puebla en 15 minutos” o “la guerra fría en 17 minutos” así como vídeos de tan solo un minuto queriendo explicarme la vez que México y Guatemala casi entraron en guerra, no hay una discusión más allá porque ni siquiera la incitan. Estos creadores de contenidos si bien tienen un punto valido de “dejar la semilla para que quien lo vea investigue más” no deja de ser ambiguo el que investigara más y ¿Por qué? Solo porque es curioso saber 10 datos de Zapata o porque realmente tiene valor en la actualidad.

La guerra fría duro casi cincuenta años pero aquí te la resumo en siete minutos para que no vayas a perder tiempo

Exploramos el pasado porque creemos que si sabemos esos datos de alguna forma lo podremos relacionar con nuestro presente, de alguna forma se pretende que el análisis histórico se haga automáticamente al saber datos “verdaderos” y curiosos nos ilumine sobre como funcionan las cosas, como los estados actúan y la sociedad reacciona. De igual forma estudiamos el pasado o bueno nos interesamos en lo pasado quizá para tratar de justificar las acciones actuales, ya sea el presidente sacando a Juárez en sus discursos como grupos activistas sacando a algún personaje subalterno para legitimar el su movimiento.

Vemos el pasado como entretenimiento, lo consumimos ya digerido y esperamos que sea verdad. No hay ética en la mayoría de contenidos y una serie de anacronismos que chance no se tomen serios, pero cuando esos contenidos empiezan a tener millones de vistas y no existe un cuestionamiento tienden a ser problemáticos. Porque si de pronto un tiktoker con mascara de divulgador nos viene a contar de manera increíblemente simple que en Roma existía el comunismo o que antes éramos dioses y nos vestíamos de oro sesga completamente el objetivo de la historia.

Estos problemas de ética en la divulgación histórica y en general en toda la historia siempre han estado en discusión, la inmensa lucha de ser “objetivos” y bla bla bla, que si bien yo considero que no existe objetividad en el estudio humano si hay cierta ética a la hora de tratar el pasado sobre todo por el poder que tiene la historia como ya dije para justificar movimientos, acciones e inclusos justificar estados.

La actualidad de la palabra histórica no deja una semilla para aprender más, esparce ideas del pasado disfrazadas de chistes inocentes. No digo que todos estén mal, pero sí que los más populares no tienen en su mayoría la intención de hacer algo mas (por lo menos Historia para tontos declara que quiere mejorar). La historia del mundo no cabe en un reel o en un Tik Tok, las semillas del aprendizaje no se plantan en tan poco tiempo. No se pude poner atención al pasado si no podemos ni poner atención en el presente por más de unos minutos.

Me gusta esta cita de Zygmunt Bauman que encontré en un artículo sobre la situación histórica:

“Nos enojamos con un erudito, tras haber criticado exhaustiva y convincentemente las deficiencias de nuestra condición, omite terminar con una receta para mejorarla. Pero si la diera, la enfrentaríamos incrédulos y la ridiculizaríamos como una utopía más.”

Considero que tiene mucha razón porque siempre que viene alguien especializado preferimos reaccionar con ira antes de que, con razón, pero yo ya me harte de nomas andar criticando, pero no hacer nada, me siento como el típico estereotipo de estudiante de humanidades que se queja, pero no trabaja. De ahí la raíz del texto; encontrar si bien no una respuesta proponer un paso. devolverme esperanza y quizá alguien que la haya perdido también. 

¿como se escribe una historia sin esperanza?

Contar la historia entonces es mas que solo vociferar datos, pues no despertamos mas que un poquito de curiosidad y todavía medio mal enfocada, porque en muchas ocasiones videos como los de Academia Play o Memorias de Pez que se dedican a “resumir” nunca traspasan a la línea de explicar los mil datos que me soltaron en cinco minutos y a veces tergiversan un poco el pasado y te pintan la vida en buenos y malos.

Cualquier historiadorx o al menos uno decente te dirá siempre que no hay ni buenos ni malos, no existe un lado correcto de la historia entonces ahí primer problema que se puede solucionar, o al menos que puedo proponer en la forma de hacer la historia más accesible. Enfocar el relato histórico no a decir lo que precisamente paso si no a incitar al pensar en el ¿Por qué paso?

Considero que el primer y principal problema a solucionar es enfocar los datos de manera diferente, empezar a derribar la barrera que se tiene sobre la concepción de la utilidad de la historia. Pocos divulgadores realmente incitan a preguntar un por qué genuino; proyectos como el de PutoMikel, BullyMagnets (aunque no tanto), Historia Chiquita o el de Historia de Mujeres Mexicanas en el siglo XX (bastante explicativo el titulo) logran llevar un poco mas lejos lo que es la divulgación histórica, sin tanto chiste quizá, pero sin dejar de ser entretenidas.

Y es que esa línea de entretener y divulgar es algo que no podemos aun borrar, porque muchas veces sacrificamos la calidad de lo que difundimos en aras de poder entretener y eso es algo que debemos debatir entre historiadores, no tan historiadores y el publico al que queremos llegar.  Realmente solo podemos compartir y hacer llegar mediante chistes medio baratos. 

Bueno, si bien existe una tendencia a que todo contenido en redes sociales tiende a ser mas corto porque de acuerdo a Mark Fisher nuestra generación ha perdido una gran capacidad de poner atención (Fisher, 2009) también no hemos hecho gran cosa para remediarlo. En lugar de tratar de enfocar la atención hemos aceptado como perdida la pelea y hecho los contenidos cada día mas cortos, mas simples y no siempre lo simple es bueno hay cosas que no puedes ni debes simplificar tanto.

Expreso esta preocupación, este desasosiego que me llena, y no solo a mi porque el presente parece estar lleno de contenido vació, en donde lo único que importa es la ansiedad el futuro y pensar en el pasado solo sirve para rememorar nostálgicamente o reírse de lo que hacían las personas hace cien o cincuenta años. Parece ser que los historiadores nos hemos quedado atrás, que esa licencia que brinda la universidad ya no tiene valor fuera del aula y que ahora cualquiera puede ejercer un discurso histórico sin pensar realmente en el y esto claro que es peligroso es como si yo construyera un puente esa cosa se va a caer por algo hay un proceso de especialización. 

Platique con muchos compañeros sobre esto, así como con docentes,  nos preocupa en si que el historiador pierde autoridad pero también encontramos que poco se nos prepara para divulgar la historia. Tomamos mucha historiografía, clases monográficas pero por lo menos en mi universidad (FES Acatlán dios la bendiga) solo tomamos un curso de 4 meses de didáctica, y muchas veces mal dado y desactualizado. 

El historiador se ha quedado atrás en como compartir su trabajo, aun creemos que la única forma es la academia, pero seamos honestos ¿cada cuanto el debate sale de la universidad? Como podrías interesar a alguien en tu tesis de las cartas de Sor Juana encontradas en el archivo de Angangueo si nunca se te dieron las herramientas para difundir conocimientos. 

Como historiadores debemos adaptarnos (tristemente yo se que la mayoría tienen ansiedad social, lo siento amigxs)  retomar el terreno, asesorar a la creación de contenido, aprender del presente de la historia (que paradoja) y poder impulsar a contenidos que ayuden a poner atención, a hacer lo que mejor saber hacer la historia; reflexionar sobre el pasado no solo aprenderlo. Arrebatar la idea del pasado que se tiene. 

Claro esto es sólo la apertura del debate o mas bien la focalización de este, porque es bien fácil decir las cosas, hacerlas es otra cosa. Invito a todo aquel interesado en la divulgación que encuentre el punto medio, el no cosificar al pasado y hacerlo digerible sin caer en la burla. Se que el publico es difícil, se que si no captas la atención en los primeros diez segundos pierdes audiencia y se también que esta nota es muy larga para los estándares, pero no todo tiene que ser simple enserio, aprendamos también como publico a poner atención.

Ejemplos como el de Mikel Hernan (PutoMikel) son buenos faros de esperanza y de donde poder aprender, vídeos para nada cortos pero que debido a la producción que tienen logran atrapar, sin embargo no son ton accesibles a muchos debido al lenguaje mas «técnico» que usa muchas veces. Ampliemos nuestros horizontes como historiadores, creamos por un momento que lo que hacemos tiene valor y debe ser divulgado.

bibliografia

Carlos Pereyra. (1980). Historia,para qué?. México : Siglo Veintiuno .

Kozel, Andres, 2010, «Leer» historia, ¿para qué? Mito y tragedia en la cultura histórica latinoamericana, Revista Casa del Tiempo,

Fisher, Mark, 2016, Realismo Capitalista ¿no hay alternativa?, Caja Negra Editora 

https://observatorio.tec.mx/edu-news/debate-divulgacion-historica

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