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MUSEO: Para qué arruinar una buena historia explicándole de más

MUSEO es de esas películas mexas, ¿sabes? Del mismo director que en 2014 presentó Güeros, ahora vemos un viaje de personajes extraños, con el hilo conductor de un robo a un museo que parece secundario. Lo que importa son los personajes, el viaje que estos tienen y su travesía para significar las piezas robadas.

Hablar de esta película es abordarla desde varios temas. Puede tomarse como una historia de crimen real o incluso analizarse como un coming of age: una aventura de dos jóvenes perdidos en la vida que, al cometer un robo así de grande, huyen no solo de la ley, sino de su pasado y vacío emocional.

El largometraje toca muchos temas con el pretexto narrativo del robo, así como en Güeros, que usa la huelga del 99 como contexto. Esta película nos pone en los pies de los protagonistas del robo, el cual pasa a ser solo contextual. En cambio, se nos presentan problemas sociales, familiares, identitarios y, sobre todo, ese sentimiento veinteañero de estar perdido y sin propósito.

La historia está protagonizada por Juan Núñez (Gael García Bernal) y Benjamín Wilson (Leonardo Ortizgris), dos jóvenes de Ciudad Satélite, ambos estudiantes de veterinaria en sus veintes, sin título, sin chamba, con una relación conflictiva con sus padres, pero con un vínculo profundo de amistad. Dos jóvenes que, a simple vista, no carecen de nada, pero en su desesperanza personal buscan lograr una hazaña más grande que sus problemas internos.

Al ver esta cinta, no se puede evitar pensar en algo más profundo que el robo en sí. La película está construida de tal manera que veas el conflicto interno de los personajes y su relación con los demás, en especial con sus padres. Esta perspectiva humana y cotidiana de dos jóvenes sin propósito es lo que dota a MUSEO de una mirada más fresca al evento.

Esta película abarca muchos temas como la identidad mexicana, el vacío de la juventud, el valor del patrimonio y la amistad. Aunque da la sensación de que se abarca mucho pero se aprieta poco, esto no quita que el tema mejor retratado sea esta crisis identitaria que te da a los veintes. Está muy marcada en los personajes: ese sentir de no tener tiempo, aunque todos te dicen que eres joven, esa desesperación de sentir que deberías estar haciendo algo más grande y no jugando videojuegos en tu sala.

Lo curioso de esta historia recae en que nunca se ha obtenido una declaración clara sobre el robo al museo. Nunca sabremos en verdad qué motivó a estos chavos a robarlo. Si bien en 1989 las piezas se recuperaron, el motivo del robo, así como el paradero de uno de los ladrones, es incierto. Esto juega a favor de la narrativa del film, que convierte todo el robo en un viaje de desarrollo personal y que culmina sin responder nada. Después de todo, como la propia cinta te dice: “Nadie puede saber por qué alguien hizo algo más que la persona que lo hizo y la mayoría de las veces ni ellos mismos lo saben”.

Hablar de este largometraje para mí es hablar de sus personajes, de su complejidad y viaje a través de un evento que parece surreal, pero que en verdad pasó. Al descubrir su crisis personal, reflexionamos sobre las nuestras, y esa es la reflexión que me ha orillado a hacer este escrito: ¿qué tan perdido debes estar para hacer todo esto?

Después de ver la película, me puse a pensar en esos dos jóvenes de Ciudad Satélite que robaron el museo y cómo estos nos hablan mucho de un contexto mexicano que muchos compartimos. Para la gran mayoría de los veinteañeros de este país, no es ajeno ese conflicto con los padres o la frustración que se siente al terminar una carrera y acabar en tu casa sin estudiar ni trabajar. Qué retrato tan fiel de una realidad tan actual.

Seguramente has sentido esa sensación de la edad, te has sentido abrumado por la realidad, y en eso está la grandeza de la historia que aquí presenta un sentimiento tan humano a través de un evento real. Que si la historia real y la de la película discrepan en varias cosas, es lo de menos. Esta es una película que invita a pensar en ese propósito individual que creemos tener, en cumplir expectativas y quizá lograr algo más grande que nosotros.

Cuando te da la crisis a esta edad, piensas en mil proyectos: creas un podcast, haces una banda o robas un museo. Todo para salir de esa ansiedad y buscar un poquito de propósito. MUSEO resuena en un público muy específico y es por esto que considero que quizá no le llegue a todos de la misma manera. Pero este viaje “criminal” es una buena catarsis si aún tienes tu tesis pendiente y a tu papá diciéndote que ya te pongas a jalar.

Quizá no al nivel de Güeros, pero Ruizpalacios nos entrega una mirada muy actual a esta juventud mexicana a mitad de sus veintes. Esta juventud recién graduada y sin chamba, o con una muy precaria, escribiendo para un proyecto personal, pasando días enteros en casa, sintiendo que el tiempo ya se fue. Quizá no estamos muy lejos de robar un museo solo para romper la rutina.

MUSEO está disponible en Netflix y YouTube Premium.

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